Mes: gener de 2018

Escarbats

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Marc Vicens, 2018.

 

Que con las cucarachas, hasta cierto punto, es posible convivir.

Que la “aceptación” es por lo general un asunto de cansancio más que otra cosa.

Que gente distinta tiene ideas radicalmente distintas sobre su propia higiene básica.

Que, perversamente, a menudo es más divertido querer algo que poseerlo.

Que también se puede abusar de la generosidad gratuita.

Que hacer el amor con alguien que no te importa luego te hace sentir más solo que no haberlo hecho.

Que todo el mundo es idéntico en su secreta y callada creencia de que en el fondo es distinto de todos los demás.

David Foster Wallace, La broma infinita, traducció de Marcelo Covián. Mondadori, 2002.

 

Anuncis

Lliurar-se

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Marc Vicens, 2018.

A veces, últimamente, me parece un milagro que la gente pueda preocuparse de verdad y enormemente por algún asunto o algún objetivo y puedan seguir haciéndolo durante años y años. Dedicarle toda la vida. Parece admirable y al mismo tiempo patético. Todos nos morimos por entregar nuestras vidas quizá a Dios o a Satán, a la política o a la gramática, a la topología o a la filatelia; lo que sea es secundario para esta voluntad de entregarse de forma total. A los juegos o a las jeringuillas o a otra persona. Hay algo patético en ello.

David Foster Wallace, La broma infinita, traducció de Marcelo Covián. Mondadori, 2002.

 

Flames

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Marc Vicens, 2018.

Que no haya dudas sobre la gente que salta al vacío. Su terror a lanzarse desde una gran altura es tan grande como el de otra persona que se asoma a esa ventana para ver el paisaje; es decir, el miedo a caer es una constante. La variable aquí es el otro terror, las llamas del incendio: cuando las llamas se acercan lo suficiente, arrojarse al vacío se convierte en un terror ligeramente inferior al otro. No se trata de ningún deseo de dejarse caer; es el terror de las llamas.

David Foster Wallace, La broma infinita, traducció de Marcelo Covián. Mondadori, 2002

Horitzontal

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Marc Vicens, 2018.

Permanecí echado en mi pequeño sarcófago de espacio. La horizontalidad se amontonaba a mi alrededor. Yo era la carne del bocadillo de la habitación. Me sentí transportado a una dimensión básica que yo había despreciado durante años de movimiento vertical, de estar de pie, detenerme y saltar, de caminar interminablemente vertical de un lado de la pista al otro. Durante muchos años había creído ser básicamente vertical, un extraño tallo lleno de materia y de sangre. Ahora me sentía más denso; me sentía más sólidamente compuesto, ahora que estaba horizontal. Era imposible que me noquearan.

David Foster Wallace, La broma infinita, traducció de Marcelo Covián. Mondadori, 2002.

Gym

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“Acrecentamiento” significa acumulación por medio de simples movimientos repetidos y ajenos al intelecto. El lenguaje máquina de los músculos. Hasta que podáis hacerlo sin pensar. A los catorce, es un toma y daca, es lo que piensan aquí. Hacedlo, simplemente. Olvidaos de si tiene una razón de ser. La razón de ser de la repetición es la falta de razón de ser.

David Foster Wallace, La broma infinita, traducció de Marcelo Covián. Mondadori, 2002.

 

Monstres

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Marc Vicens, 2018.

 

–¿Recuerdas la fobia tremenda que sentía por los monstruos cuando era niño?

–Sin duda, muchacho.

–Bu, me parece que ya no creo en monstruos como rostros en el suelo o niños salvajes o vampiros o lo que sea. Me parece que a los diecisiete años creo que los únicos monstruos de verdad son los del tipo de mentirosos a los que es imposible descubrir. Los que no te dan ninguna pista.

– Pero, entonces, ¿cómo sabes que son monstruos?

– Empiezo a pensar que esa es justamente la monstruosidad, Bubú.

David Foster Wallace, La broma infinita, traducció de Marcelo Covián. Mondadori, 2002.