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Imaginar

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Marc Vicens, 2018.

Resulta bien fácil conocer que los ensueños que imaginamos dormidos, no deben, en manera alguna, hacernos dudar de la verdad de los pensamientos que tenemos despiertos.

Rene Descartes, Discurso del metodo, traducció de Manuel García Morente, Editorial Espasa-Calpe, 1988.

Anuncis

Ordre

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Marc Vicens, 2018.

El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, gradualmente, hasta el conocimiento de los más compuestos, e incluso suponiendo un orden entre los que no se preceden naturalmente.

Rene Descartes, Discurso del metodo, traducció de Manuel García Morente, Editorial Espasa-Calpe, 1988.

 

Costums

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Marc Vicens, 2018.

 

Pues es casi lo mismo conversar con gentes de otros siglos que viajar. Bueno es saber algo de las costumbres de otros pueblos para juzgar las del propio con mejor acierto, y no creer que todo lo que sea contrario a nuestras modas es ridículo y opuesto a la razón, como suelen hacer los que no han visto nada.

Rene Descartes, Discurso del metodo, traducció de Manuel García Morente, Editorial Espasa Calpe, 1988.

Ram de peònies

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Marc Vicens, 2018

No es cau mai dues vegades al mateix abisme. Però sempre es cau de la mateixa manera, amb una barreja de ridícul i esglai. I desitgem tant no tornar a caure que ens apuntalem, cridem. A cops de taló ens trenquen els dits, a cops de bec ens esmicolen les dents, ens roseguen d’ulls. L’abisme està vorejat d’alts estatges. I la Història és allà, deessa raonable, estàtua plantada al bell mig de la plaça de les Festes, amb tot un ram de peònies seques com a tribut un cop l’any, a tall de propina, cada dia, pa per als ocells.

Éric Vuillard, L’ordre del dia, traducció de Jordi Martín Lloret, Edicions 62, 2018.

Honest

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Marc Vicens, 2018.

Quan és honest, el sa no vol tenir res a veure amb el malalt, no vol que li recordin la malaltia i així, com és natural i lògic, la mort. El sa vol estar amb si mateix i entre els seus iguals, en el fons no tolera el malalt.

Thomas Bernhard, El nebot de Wittgenstein, traducció de Raül Garrigasait, Editorial Flâneur, 2018.

 

Sofregit

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Marc Vicens, 2018.

A las dos, el olor del sofrito rebasa las barreras, se escapa por las rendijas de las puertas, invade la escalera, se cuela en todos los pisos y llega hasta la calle, envolvente, insobornable, imposible de ocultar. Parece mentira que el tomate, el ajo y la cebolla, que por separado y en crudo no son más que vegetales, produzcan, al achicharrarse juntos en el infierno del aceite de oliva, ese aroma sensual, lujurioso, tan universal e innegable como el café cuando se tuesta o el pan recién horneado. Pero la vecina sabe que no hay que precipitarse, que el sofrito se tiene que reducir, que, como decía su madre, “el arroz, cuando el sofrito se ponga chocolate”, y deja que se deshidrate, que se consuma, y contra toda norma dietética y culinaria, lo apura hasta que se empieza a agarrar, y lo rasca con la cuchara de madera y entonces, cuando el aroma ya se dora, se tuesta, y la sensualidad llega a la embriaguez, al exceso, la vecina echa el arroz, lo rehoga, lo quema en la cazuela incandescente.

David Monteagudo, Hoy he dejado la fábrica, Editorial :Rata–, 2018.

Flames

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Marc Vicens, 2018.

Que no haya dudas sobre la gente que salta al vacío. Su terror a lanzarse desde una gran altura es tan grande como el de otra persona que se asoma a esa ventana para ver el paisaje; es decir, el miedo a caer es una constante. La variable aquí es el otro terror, las llamas del incendio: cuando las llamas se acercan lo suficiente, arrojarse al vacío se convierte en un terror ligeramente inferior al otro. No se trata de ningún deseo de dejarse caer; es el terror de las llamas.

David Foster Wallace, La broma infinita, traducció de Marcelo Covián. Mondadori, 2002

Representacions

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Marc Vicens, 2017.

Las mujeres son representadas de un modo completamente distinto a los hombres, y no porque lo femenino sea diferente de lo masculino, sino porque siempre se supone que el espectador “ideal” es varón y la imagen de la mujer está destinada a adularle. Y si tienen alguna duda de que esto es así, hagan el siguiente experimento. Elijan en este libro una imagen de un desnudo tradicional. Transformen la mujer en hombre, ya sea mentalmente, ya sea dibujando sobre la ilustración. Observarán entonces el carácter violento de esta transformación. Violento no para la imagen, sino para las ideas preconcebidas del que la contempla.

 

John Berger, Modos de ver, traducció de Justo G. Beramedi, Editorial Gustavo Gili, 2000.